
Ahora que nadie me lee, os voy a contar un cuento…
Érase una vez un viajero de los del palo al hombro, con sus cuatro cosas en un pañuelo anudado. Este viajero se fue en busca de cualidades que debían reunirse todas en un mismo lugar. Muchos fueron los valles y montañas que este viajero transitó. Aventuras y desventuras mil experimentó. Convivió y conoció a gentes de muy variopintos lugares. Gentes honestas y gentes oscuras. Gentes humanas y gentes egoístas. Sin encontrar nunca esas cualidades y de encontrarlas, estaban éstas siempre esparcidas. Nunca conseguía encontrar esa reunión de cualidades que buscaba. Llegando a entender la imposibilidad de reunirlas él mismo. Cuando ya alicaído, había desistido en su búsqueda, se topó con un mágico lugar.
Ahora que nadie me lee, os estoy contando un cuento…
Un lugar en el que explosiones de color proyectaban al arco iris hacia el cielo. Un lugar en el que se fabricaban las estrellas y se arrojaban al aire antes de anochecer. Un lugar en el que la alegría era tal que solo mirarlo infundía felicidad. Entre los tablones que cercaban la finca acertó a divisar que ese lugar escondía las cualidades que venia buscando en sus nómadas travesías. Las había encontrado. Por fin, después de tanto buscar, las había encontrado. Se mantuvo paciente frente a este lugar observando el trajín que allí existía. Disfrutando de haber encontrado lo que buscaba. Hasta que un día la puerta se abrió.
Ahora que nadie me lee, os sigo contando un cuento…
En el hueco que ésta dejaba pudo ver una flor de destacado color rojo y mirada picaruela que invitaba al viajero a dialogar. El viajero explicó a la atenta pero sorprendida flor el motivo por el que inició su viaje y la desilusión que experimentó durante el mismo. También, pidió disfrutar de su hallazgo y poder permanecer en el lugar. La flor, aunque alagada, declinó la propuesta del viajero argumentando que no había sitio para él y que no disfrutaría de las cualidades que tanto buscó. Aun con la puerta cerrada y poseído por la resignación, el viajero se mantuvo frente al lugar. Lo que buscaba, ya lo había encontrado.
Ahora que nadie me lee, os he contado un cuento.


Hoy esto va por ti… te lo prometí… No necesariamente lo que crees es lo que es... porque no siempre somos capaces de darnos cuenta de que mas allá de nosotros hay otros... que nos necesitan tanto como nos necesitamos nosotros mismos…
Hoy esto va por ti… te lo prometí… Me encantaría pasar muchas horas contigo… y opinar de mil cosas… y que vieras otras desde un punto de vista distinto...
